En Argentina, la conducta suicida en adolescentes representa una crisis sanitaria y social alarmante. Según reportes a nivel nacional, "cada 24 horas se suicida un adolescente y cada 24 horas hay un joven que se está proponiendo quitarse la vida", en palabras de la médica neuropsiquiatra especialista en psicología clínica, Amabel del Órfano, quien abordó el tema en una entrevista en Canal 10.
La magnitud del problema es aún mayor de lo que parece. Por cada persona que se quita la vida, hay entre 10 y 20 intentos aproximadamente. La mayoría de los afectados son jóvenes entre 15 y 29 años. Más preocupante aún es el efecto cascada: más de 30 personas quedan afectadas psicológicamente alrededor de cada fallecimiento, extendiéndose como "una piedra que uno tira en un lago tranquilo", generando ondas de dolor que afectan familias, escuelas y comunidades enteras.
Del Órfano explicó que estas conductas suicidas no responden simplemente a "no quiero vivir más", sino a "no quiero vivir más así". Los adolescentes enfrentan una combinación de factores críticos: saturación de información a través de redes sociales, aislamiento progresivo, falta de diálogos presenciales y una sensación generalizada de desesperanza. En un contexto global marcado por cambios climáticos, inestabilidad política y social, muchos jóvenes pierden la capacidad de visualizar un futuro esperanzador.
La especialista enfatizó la importancia del diálogo como herramienta preventiva. "No vamos a hablar" es un mito peligroso que perpetúa el silencio. Por el contrario, preguntar directamente "¿estás pensando en lastimarte?" puede salvar vidas. La soledad percibida es devastadora: cuando un adolescente se siente que "está solo en el mundo con ese gran problema", la ausencia de conexión humana intensifica la desesperación.
Las apariencias engañan. Del Órfano advierte que un adolescente puede parecer contento en casa, sonreír, mantenerse encerrado en su habitación, mientras internamente lucha contra ideas suicidas. La perseverancia en la comunicación familiar, escolar y comunitaria es fundamental. Preguntar, conversar y manifestar la importancia de que el joven "esté en la familia, que esté en vida, que esté bien" puede marcar la diferencia.
En este contexto, es crucial que medios de comunicación y sociedad aborden estos temas responsablemente. La forma en que se reportan los suicidios puede generar "efecto contagio". Localidades como Río Tercero en Córdoba ya experimentaron brotes de suicidios adolescentes, evidenciando cómo el problema se propaga cuando no hay intervención comunitaria efectiva.
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