A un año del incendio que arrasó Mallín Ahogado y el Área Natural Protegida Río Azul – Lago Escondido (ANPRALE), la comarca andina mira hacia atrás con una mezcla de dolor y orgullo. El fuego, que comenzó el 30 de enero de 2025 en la zona de la Confluencia, avanzó con una velocidad inédita, impulsado por altas temperaturas, baja humedad y viento, y llegó a consumir más de 1.600 hectáreas en pocas horas, afectando bosques, viviendas y emprendimientos rurales cerca de El Bolsón. Con los días, el parte oficial terminaría confirmando un escenario aún peor: más de 2.900 a 3.000 hectáreas quemadas entre Mallín Ahogado y ANPRALE, con focos activos que obligaron a un operativo de combate extendido y complejo
El impacto fue inmediato y brutal para las familias del paraje. Hubo más de 100 vecinos evacuados en la primera etapa, con el polideportivo de El Bolsón y otros espacios habilitados como centros de contención para los damnificados. Las imágenes de casas destruidas, chacras arrasadas y cerros ennegrecidos se mezclaron con relatos de vecinos que tuvieron que salir con lo puesto, mientras brigadistas y bomberos defendían, metro a metro, viviendas y accesos rurales. El incendio también afectó zonas de uso recreativo y turístico, obligando a evacuar refugios de montaña y cerrar temporalmente senderos muy concurridos de la región.
Detrás de la respuesta hubo una estructura operativa sin precedentes recientes para la zona. El SPLIF El Bolsón encabezó el combate con 54 combatientes, 12 móviles y todo su personal abocado a la emergencia, sumando logística, comunicaciones y apoyo en tierra. Se articularon refuerzos del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, con brigadistas, autobombas, helicópteros y aviones hidrantes, además de bomberos voluntarios de El Bolsón, Lago Puelo, Bariloche y Ñorquinco, junto a brigadas provinciales de Chubut, Parque Nacional Lago Puelo, fuerzas de seguridad, Protección Civil y personal municipal. En total, más de 200 a 300 personas, entre combatientes y equipos de apoyo, trabajaron día y noche para frenar el avance de las llamas y proteger a la población. Sin contar la cantidad de brigadistas y cuarteles que se agregaron con el paso de las semanas.
También hubo un costo silencioso pero enorme: animales heridos y quemados que debieron ser rescatados o sacrificados, y el dolor irreparable por la muerte de vecino que no logró escapar a tiempo de las llamas.
La comunidad, lejos de quedarse al margen, se convirtió en una pieza clave de la respuesta. Mientras se montaban operativos formales, vecinos y vecinas de Mallín Ahogado y alrededores organizaron cadenas de solidaridad para recibir evacuados, juntar ropa, alimentos, agua y herramientas, y acompañar a quienes lo habían perdido todo. También hubo participación directa en el primer ataque al fuego en distintos puntos, con pobladores y brigadas rurales colaborando junto al SPLIF y bomberos voluntarios, una escena que se repitió en incendios posteriores de menor escala en la misma zona. Esa misma red comunitaria fue la que, meses después, sostuvo la reconstrucción cotidiana: levantar casas, rearmar alambrados, volver a sembrar y reabrir pequeños emprendimientos turísticos y productivos. Tambien de destacar el rapido operativo provincial y nacional que permitio asistir economicamente a las familias que lo perdieron todo.
El fuego no solo dejó cenizas visibles en el paisaje; también generó consecuencias ambientales prolongadas dentro del ANPRALE. Un foco subterráneo, asociado a una veta de carbón, mantuvo sectores calientes muchos meses después. Una necesaria evaluacion de como quedo cada sector que complico la reapertura de áreas y obligando a mantener restricciones de acceso para evitar accidentes y nuevos focos. Esa situación llevó a reforzar guardias ambientales, controles y campañas de concientización sobre el uso del fuego, en una región que ya arrastraba el antecedente de otros incendios graves en años anteriores. Las autoridades insistieron en la necesidad de informarse solo por canales oficiales, respetar las prohibiciones de hacer fuego al aire libre y reportar de inmediato cualquier columna de humo al 103.
Con el correr de los meses, la agenda dejó paso a la reconstrucción y al reconocimiento del esfuerzo colectivo. Hubo entregas de materiales para viviendas, como la distribución de chapas a 34 familias afectadas en articulación entre el Rotary Club y el municipio, un gesto que sintetizó el cruce entre ayuda institucional y solidaridad organizada. El tema incendios siguió presente en el debate público, con referentes políticos y sociales discutiendo responsabilidades, recursos para el combate y la necesidad de inversiones en infraestructura específica, como centrales de incendios y mejoras en logística regional. Entre reclamos, gestos de apoyo y nuevas obras, se fue consolidando la idea de que la respuesta al fuego ya no puede pensarse solo como algo de emergencia, sino como una política permanente.
Hoy, a un año del inicio del incendio en Mallín Ahogado y ANPRALE, el paisaje muestra una postal ambigua: laderas quemadas donde todavía se ven troncos negros, pero también el avance silencioso de los brotes verdes que empiezan a cubrir el suelo. Para muchos vecinos, esa mezcla es el reflejo perfecto de lo que se vive puertas adentro: el duelo por lo perdido convive con el orgullo de haberse quedado, de reconstruir, de seguir apostando por la vida rural y la montaña. Estaria bueno poder terminar diciendo "En el recuerdo de esos días de humo y sirenas aparece algo más que tragedia" lo cierto es que con tantos incendios en la region, "nosotros elegimos no salir cuando hace mucho calor, porque tenemos miedo de irnos lejos y estar lejos cuando se inicie una situacion ignea" nos comentaba una vecina que tiene cabañas y espera los dias de lluvia o con menos temperatura para disfrutar nuestra region. Los ruidos de sierenas y aviones hidrantes, son parte de los sonidos que en cada verano se instalaron y recuerdan lo fragil y rapido que puede cambiar todo, pero a todo queda la la certeza de que, cuando el fuego avanzó, la comunidad también se encendió, pero en forma de solidaridad, organización y resiliencia.



