El municipio de San Carlos de Bariloche formalizó esta semana una medida que venía siendo reclamada desde el sector vecinal: la prohibición de realizar espectáculos, ventas ambulantes y limpieza de vidrios en calles, semáforos e intersecciones sin autorización previa.
La resolución del intendente Walter Cortés apunta directamente a la actividad de los llamados "trapitos", malabaristas y vendedores que operan en espacios de circulación vehicular. La normativa no prohíbe estas actividades de manera absoluta, sino que las condiciona a la obtención de un permiso municipal.
El fundamento oficial de la medida descansa en la acumulación de denuncias ciudadanas recibidas a través de la central de emergencias 103, que reportaron situaciones de incomodidad, disturbios e intimidación hacia automovilistas, especialmente durante el verano, cuando el flujo turístico agudiza la tensión en los puntos más transitados del centro andino.
El miércoles, agentes de Protección Ciudadana, fiscalizadores municipales y efectivos de la Policía de Río Negro notificaron a unas 20 personas en el área céntrica. La normativa además habilita a la Secretaría de Protección Ciudadana a coordinar acciones conjuntas con las fuerzas de seguridad, que reforzarán recorridas preventivas en los semáforos de mayor circulación.
La implementación de la medida abre, no obstante, una pregunta pendiente: si el municipio habilitará un mecanismo real y accesible de autorización para quienes deseen continuar desarrollando estas actividades, o si la exigencia del permiso operará, en los hechos, como una prohibición encubierta.
