Si hay algo que históricamente no fallaba era la invasión chilena en febrero. Con su receso administrativo, el segundo mes del año solía ser el momento en que las patentes blancas copaban las calles de Bariloche y las ferias de El Bolsón. Pero este 2026, la foto fue otra. El movimiento en el Paso Cardenal Samoré, el termómetro real de este flujo, mostró una caída estrepitosa del 25% en comparación al año pasado. ¿Qué pasó? Básicamente, Argentina dejó de ser el "regalo" que era antes.
3 claves rápidas:
Caída del 25% en Samoré
Argentina "cara" para el vecino
El Bolsón siente el golpe
El bolsillo mandó más que el paisaje
Martín Lagos, referente del sector hotelero, fue clarísimo: no es que hayamos dejado de ser lindos, es que ya no somos competitivos. Con una estructura de costos que se disparó, el turista chileno que antes venía por las compras y la gastronomía, hoy saca cuentas y prefiere quedarse de su lado de la cordillera o buscar otros rumbos.
El informe de Migraciones es contundente: entre enero y febrero cruzaron por Samoré casi 116.000 personas menosque en el mismo período de 2025. Esta "fuga" no solo afecta a los hoteles, sino a todo el derrame económico: desde la estación de servicio hasta el artesano de la feria regional.
Bariloche y El Bolsón: ¿Y ahora qué hacemos?
En El Bolsón, la situación se siente igual de pesada. Sin el empuje del consumo chileno, que solía ser el motor de las tardes de cerveza artesanal y compras de regionales, la temporada se volvió "gasolera". Ante este panorama, la estrategia ya no es pelear por precio (porque los costos no bajan), sino apostar a la calidad del servicio.
La idea es que, si el turista va a pagar lo mismo que en otros destinos internacionales, se lleve una experiencia superior. "Sostener el estándar" es la frase que más suena entre los empresarios que buscan que la Patagonia no se caiga del mapa de prioridades de los vecinos.
La puntita del iceberg
Lo que preocupa a los referentes locales es que este bajón sea apenas el inicio de un cambio estructural. Mientras que otros destinos del país ya están sufriendo cierres de locales, Bariloche y la zona todavía aguantan con "pleno empleo", pero la señal de alerta en el tablero ya está encendida. El desafío para lo que queda del año será ver si eventos internacionales o la conectividad aérea pueden compensar este vacío que dejaron los vecinos trasandinos.

