- 04 Feb: Sesión Extraordinaria
- 06 Mar: Sesión Especial (Acta 1.895)
- 25 Mar: Sesión Ordinaria (Acta 1.896) *
- 15 Abr: Sesión Ordinaria (Acta 1.897)
- 29 Abr: Sesión Ordinaria (Acta 1.898)
- 13 May: Sesión Ordinaria
El legislativo local funciona a cuentagotas. Mientras los problemas vecinales se acumulan, los ediles gastan su energía en negar la palabra a la oposición y sesionar a puertas cerradas.
¿Cuánto le cuesta a El Bolsón cada vez que sus concejales se sientan a debatir? Desde el arranque de 2026 hasta la segunda quincena de mayo, el Concejo Deliberante logró concretar apenas seis sesiones. Un ritmo legislativo letárgico para una ciudad ahogada por la crisis económica, la falta de infraestructura y los reclamos de tierras.
El calendario oficial marca un arranque raquítico: una sesión extraordinaria el 4 de febrero, una especial el 6 de marzo y recién cuatro ordinarias distribuidas entre el 25 de marzo, 15 y 29 de abril, y 13 de mayo. Mantener una estructura de siete concejales —Agustín Guasco, Lucas Castillo, Natalia Karavassilis, Carlos Pérez, Efraín Ranea, Rosa Monsalve y Sofía Seroff—, más sus asesores y cuerpo administrativo, resulta carísimo frente a una producción que se limita, en su inmensa mayoría, a eximiciones de tasas, adjudicaciones de lotes y declaraciones de interés.
Un recambio y cero debate El año legislativo ya venía agitado. En marzo, la concejal Laura Rojas (JSRN) dio un paso al costado argumentando razones de crecimiento laboral. Su banca fue ocupada por Sofía Seroff, pero el recambio de figuras en el oficialismo no destrabó los problemas de fondo. La representatividad local está en crisis.
Censura y apagón mediático Lejos de representar y dar solución a los problemas reales de El Bolsón, el recinto se convirtió en un escenario de fricciones internas. El papelón institucional tocó su punto más alto cuando se le negó el uso de la palabra a la concejal opositora Rosa Monsalve (PJ-Nuevo Encuentro). Esta maniobra violó abiertamente la reglamentación interna del cuerpo y dejó en evidencia el nivel de intolerancia que se maneja.
A la censura hacia adentro se le sumó un apagón deliberado hacia afuera. Durante las sesiones de marzo, el Concejo derechamente omitió enviar las convocatorias a los medios de comunicación locales, bloqueando el acceso a la información pública, reclamado por este medio mediante notas presentadas.
Un vacío institucional que sale caro
Sostener un cuerpo de siete concejales, junto a su estructura de secretarios, asesores políticos y personal administrativo, representa un costo altísimo para los contribuyentes de El Bolsón. Cuando la contraprestación de ese gasto público se reduce a levantar la mano de manera automática para aprobar los proyectos del Ejecutivo, el concepto de "representación" se vacía de contenido.
En abril de este año, una investigación de este medio reveló que el cuerpo legislativo acumulaba 120 días sin comunicación oficial sistemática, desnudando un apagón informativo que congela el acceso de los vecinos al trabajo de las comisiones internas. https://www.vivoinformado.com.ar/2026/04/el-silencio-del-concejo-deliberante-de.html
La institución parece atrapada en la necesidad de autoconvencerse de una honorabilidad que sus propias acciones contradicen. Al transformarse en una escribanía del oficialismo de turno, carente de voz propia y temerosa de la disidencia, el Concejo Deliberante apaga lentamente su rol histórico fundamental: el de ser el espacio para deliberar, debatir y confrontar ideas de cara a la sociedad.
