Actividad en alza, riesgo bajo control
El geólogo Agustín Quesada explicó en Noticias del Bolsón que el Villarrica está activo, pero que liberar energía de a poco puede ser más seguro que un gran evento repentino.
- Los tremores son pequeños sismos que delatan movimiento de magma.
- El observatorio vulcanológico argentino monitorea la zona cordillerana.
- Chile controla decenas de volcanes activos muy cercanos a la frontera.
- La región ya vivió las cenizas del Chaitén (2008) y Puyehue–Cordón Caulle (2011).
- Entre Bariloche y Esquel, la clave es saber actuar ante cada nube de ceniza.
- Seguir la radio y los partes oficiales para conocer tipo y peligrosidad de la ceniza.
El geólogo Agustín Quesada explicó que el aumento de actividad del volcán Villarrica y la posibilidad de pasar de alerta verde a naranja no implican, por sí solos, una catástrofe inminente para la Comarca Andina y la Patagonia, sino un sistema activo que está liberando energía de manera controlada. En diálogo con Noticias del Bolsón, pidió mantener el tema en agenda, informarse por canales oficiales y entender que la región convive históricamente con volcanes que cada tanto generan nubes de ceniza sobre localidades entre Bariloche y Esquel.
La entrevista se emitió por Noticias del Bolsón y tuvo como eje el Villarrica, un volcán chileno muy activo que, aunque está a cierta distancia de la Comarca Andina, forma parte del mismo sistema cordillerano que afecta a la Patagonia argentina. Quesada habló como director del Geomuseo de El Bolsón y recordó que en el país ya funciona un observatorio vulcanológico impulsado por el Servicio Geológico Argentino, clave para monitorear la actividad del lado argentino, mientras Chile sigue de cerca el comportamiento de decenas de volcanes a pocos kilómetros de la frontera.
Un volcán activo que libera presión
Consultado por el posible cambio de alerta del Villarrica, Quesada aclaró que el hecho de que el volcán registre más actividad no debe leerse automáticamente como una mala noticia. Planteó una imagen sencilla para entenderlo: comparó al sistema volcánico con “una olla que va a reventar”, y sostuvo que “es mejor que vaya perdiendo la presión de a poquito” antes que acumular toda la energía de golpe.
Según explicó, el volcán está proveyendo de presión, gases y energía a su cámara magmática de forma constante, y por eso se lo considera un sistema activo. En ese contexto, los cambios de color en la alerta son necesarios y saludables desde el punto de vista de la gestión del riesgo, porque ordenan la vigilancia y la preparación, pero pueden evolucionar hacia una situación más tranquila o hacia un escenario más complejo según cómo se comporten los indicadores en los próximos días.
Tremores, sismógrafos y señales de aviso
El geólogo remarcó que la forma de “avisar” que tienen los volcanes es a través de los tremores, pequeños sismos con características muy específicas que los instrumentos y los expertos pueden diferenciar de un terremoto clásico de fractura de placas tectónicas. Los tremores están asociados al movimiento de magma y gases en el interior del volcán, y cuando aumentan en cantidad o intensidad, los organismos técnicos evalúan si es necesario cambiar el nivel de alerta porque el sistema podría estar acercándose más a la superficie.
Quesada recordó que, aunque del lado argentino hay pocos volcanes activos, del lado chileno hay “un montón, a pocos kilómetros”, formando parte de una misma cordillera y de un mismo sistema geológico que impacta en ambos países. De allí la importancia del observatorio vulcanológico y del trabajo coordinado entre los servicios geológicos para interpretar las señales y anticipar, en lo posible, los cambios de comportamiento.
Prevención en la Comarca Andina: aprender a convivir con la ceniza
Sobre las medidas de prevención para la población, el geólogo insistió en un primer punto: informarse. “Les agradezco una vez más que estemos trayendo este tema porque hay que mantenerlo siempre en agenda”, dijo al aire, al subrayar el rol de los medios en la educación frente al riesgo volcánico.
Quesada hizo memoria reciente: mencionó la erupción del Chaitén en 2008 y la del complejo Puyehue-Cordón Caulle en 2011, eventos que afectaron con ceniza a una amplia franja que va “entre Bariloche y Esquel”. Recordó que la zona está “recurrentemente sujeta a nubes de ceniza volcánica” y que la principal herramienta de adaptación es saber cómo actuar según el tipo de material que se registre en cada episodio.
En ese sentido, recomendó seguir la radio y los medios de comunicación cuando hay caída de ceniza, porque los equipos técnicos analizan rápidamente el tamaño de las partículas y su composición química. De ese análisis salen las indicaciones sobre si se puede salir o no, ya que hay cenizas tan finas y filosas que describió como “pequeños puñalitos en nuestro sistema respiratorio”, que conviene evitar a toda costa.
¿Tienen los volcanes “temporada” en mayo o junio?
En el tramo final de la charla, el entrevistador le preguntó si era cierto que los volcanes tienden a activarse en mayo o junio o si se trata de un mito. Quesada respondió con cautela y algo de humor, y contó que el año pasado hubiera dicho que era un mito, pero que ahora se propone seguir el tema con más detalle para ver si realmente hay un patrón.
Planteó que puede tratarse de un sesgo: cada vez hay más información, más sensibilidad social y, cuando otros eventos dejan de ocupar la agenda, se le presta más atención a la actividad volcánica. Aun así, invitó a “seguir investigando este tema” y se permitió una provocación científica: si se comprobara una recurrencia sistemática de episodios volcánicos en un mes determinado a lo largo del tiempo, podrían “ser los primeros en el mundo” en detectarla.
La entrevista cerró con una broma del conductor sobre “ponerle fecha a la explosión de un volcán” y el agradecimiento a Quesada por la claridad de sus explicaciones, en una jornada en la que el Villarrica y sus movimientos volvieron a encender la atención de la Comarca Andina
