El ataque ocurrió el sábado por la tarde. La agresora, una odontóloga con historial psiquiátrico que hace apenas 10 días intentó quemar a su propio hijo, falló con el encendedor. La víctima, de 27 años, logró escapar de milagro tras un intenso forcejeo.
Un sábado que parecía terminar de manera rutinaria casi se convierte en una tragedia irreversible en El Bolsón. Cerca de las 19, una mujer ingresó a una panadería ubicada en el acceso al puente de la calle Azcuénaga. Pidió dos panes. Cuando la empleada, una joven de 27 años llamada Rocío, se agachó hacia el canasto para embolsarlos, la supuesta clienta le vació un bidón de combustible en la cabeza y el cuerpo.
Cegada por la nafta en los ojos y creyendo en un primer momento que se trataba de ácido, Rocío sintió el ruido seco de los fósforos.
"Ella la tenía con una mano y con la otra quería prender el fósforo", relató Yasmina, dueña del local. "Rocío, ciega porque le había entrado un poco de nafta en la cara, quería limpiarse y con lo poco que alcanzaba a ver logró salir a la puerta y por suerte andaba gente".
La suerte jugó su carta: a la atacante se le cayeron los fósforos y el encendedor que sacó del bolsillo falló. En ese forcejeo desesperado, la joven panadera logró empujarla y salir a pedir ayuda a los gritos. Vecinos y el propietario de los locales de la zona intervinieron rápido, persiguieron a la agresora y lograron retenerla a unas seis cuadras.
Un prontuario que expone al sistema
El estupor en la comarca se multiplicó al conocerse la identidad de la atacante. Se trata de una mujer de 51 años, domiciliada en el barrio Arrayanes, que además es odontóloga y paciente del área de salud mental desde hace más de dos décadas. Pese a su condición, continuaba como prestadora activa en las principales obras sociales de la región.
Los datos policiales son estremecedores. Hace apenas 10 días, esta misma profesional roció con combustible e intentó prender fuego a uno de sus propios hijos bajo la misma modalidad. Además, nueve años atrás, la mujer había protagonizado una fuga tras secuestrar a los menores, lo que en su momento derivó en un operativo urgente para recuperarlos.
Hoy, la agresora permanece detenida, mientras el juez evalúa los pasos a seguir. Rocío, por su parte, fue dada de alta horas después del ataque tras recibir contención por el severo estado de shock. Físicamente presenta rasguños menores y una molestia en el oído derivada de la golpiza y el combustible, pero sobrevivió.
Para quienes trabajan en la panadería, el miedo y la sensación de desamparo mandan. Tuvieron que volver a levantar la persiana este lunes para seguir subsistiendo, pero con la incertidumbre a flor de piel.
Yasmina, con la voz quebrada y enfocada en proteger a su empleada y amiga, sentenció: "No podemos hacer más que la denuncia y esperar a que se la lleven lejos. ¿Qué tenemos que esperar? ¿A que un día mate a alguien?".
Basado en la cobertura en vivo de Canal 10 Río Negro.