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La Comarca: una familia ya necesita $1.8 millones para no ser pobre




 Comer cuesta un 8,2% más en la región. Una familia necesita $809 mil solo para alimentos. La inflación golpea la mesa y la garrafa. El último relevamiento trimestral expone el duro encarecimiento del costo de vida en la Comarca Andina. Las menudencias lideran las subas en góndola con un 140%.

Canasta Básica Total
$1.804.862
Para no ser pobre (Familia de 4)[cite: 2]
Canasta Alimentaria
$809.355
Para no ser indigente[cite: 2]
Variación Trimestral
+8,2%
Incremento Junio-Septiembre[cite: 2]

El peso de la góndola: qué aumentó más

Vivir en la Comarca Andina exige un esfuerzo económico cada vez más asfixiante[cite: 7]. El costo de la Canasta Básica Alimentaria trepó un 8,2% en el trimestre de junio a septiembre, pero la variación no golpeó por igual a todos los productos[cite: 2]. Las menudencias se dispararon de manera alarmante, seguidas por insumos de uso diario como la sal y las papas[cite: 4]. Aunque productos como el té en saquitos bajaron un 40% y el pan un 16,14%, estas reducciones lograron sumar apenas $6.419 a favor frente a los más de $26.000 de incrementos por adulto[cite: 4].

🥩 Menudencias +140%
🥤 Bebidas sin alcohol +67%
🧂 Sal fina +55%
🥔 Papa +47%
☕ Té en saquitos -40%
Evolución costo del gas (garrafa)[cite: 6]
Marzo: $25.000
Junio: $27.000
Septiembre: $30.000

Servicios esenciales en ascenso

El impacto inflacionario trasciende los alimentos y golpea los servicios esenciales en la Patagonia[cite: 7]. Las garrafas de gas, insumo vital para los hogares sin red, pasaron de $25.000 en marzo a $30.000 en septiembre, marcando una suba trimestral del 11%[cite: 6]. Al tratarse de un gasto indispensable para combatir las bajas temperaturas, reducir su consumo es prácticamente imposible, dejando a las familias más vulnerables expuestas a este encarecimiento constante[cite: 6].




Los factores geográficos de la Comarca Andina, como la distancia y los costos de transporte, agravan el escenario[cite: 7]. Ante salarios que corren muy por detrás de las góndolas, los vecinos enfrentan un ajuste silencioso que se traduce en una inevitable caída en la calidad alimentaria, endeudamiento crónico o dependencia de la ayuda informal[cite: 8].

En apenas nueve meses del año, la canasta básica acumula un salto cercano al 24%[cite: 5]. Sin políticas concretas que fortalezcan la producción local y los circuitos de cercanía, trimestre a trimestre más patagónicos quedan acorralados al borde de la línea de indigencia[cite: 8, 9].

Datos relevados entre el 1 y el 15 del mes bajo metodología INDEC por la Asociación Civil AcercAR, con asesoramiento del Observatorio del Territorio y Desarrollo Regional de la UNPSJB, Esquel[cite: 10].

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