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Riesgo de analfabetismo digital Estatal - Crisis silenciosa en Río Negro: la ola de IA que el Estado todavía no ve venir


En 2026, Río Negro (como otras provincias ) vive una contradicción fuerte: mientras la inteligencia artificial empieza a meterse en la vida cotidiana de estudiantes, docentes y emprendedores, gran parte del Estado provincial sigue funcionando con lógicas analógicas, trámites en papel y decisiones que llegan varios años tarde. La foto es clara: hay anuncios rimbombantes en seguridad o incendios con cámaras inteligentes y sistemas satelitales, pero al mismo tiempo hospitales que recién están licitando un chatbot para turnos y obras sociales que siguen atadas a la receta física y la ventanilla.




El gobierno rionegrino muestra voluntad tecnológica cuando se trata de grandes proyectos visibles, como la incorporación de inteligencia artificial al 911, el uso de cámaras para videovigilancia o sistemas para detectar incendios forestales con apoyo de INVAP. Incluso se ilusiona con traer un megacentro de datos de OpenAI a la provincia, apelando a las ventajas energéticas de la Patagonia. Pero ese impulso convive con una administración pública donde la modernización básica —turnos en salud, despapelización, interoperabilidad de sistemas— avanza a un ritmo mucho más lento que el de las necesidades de la gente.

En salud, el ejemplo es brutal: recién a fines de 2025 se licita un chatbot por casi 300 millones para gestionar turnos por WhatsApp en 13 hospitales, en una provincia donde los reclamos por demoras, falta de insumos y burocracia son históricos. Es un salto necesario, sí, pero llega tarde y sin un plan claro de integración con la realidad diaria de las guardias, los consultorios y las historias clínicas, lo que alimenta la sensación de que la tecnología aparece más como parche caro que como política integral pensada a largo plazo.

En educación, la brecha también se nota: mientras estudiantes ya usan ChatGPT y otras herramientas para hacer tareas, armar resúmenes o practicar idiomas, muchos docentes planifican y corrigen con la misma IA que cuestionan, sin haber tenido una formación sistemática para usarla de forma pedagógica y ética. El Ministerio de Educación lanzó trayectos como “Inteligencia Artificial para docentes con tiza en mano” (7 de agosto de 2023y nuevas propuestas virtuales, pero el propio sistema reconoce que todavía está construyendo capacidades básicas para “habitar el presente digital con responsabilidad”, una frase elegante para describir que se corre de atrás,


El Poder Legislativo, por su parte, viene reaccionando más que anticipando: llegan proyectos para regular la IA en escuelas, crear programas contra la violencia digital o establecer sistemas de alertas tempranas oficiales, siempre en clave de “poner orden” una vez que el problema ya explotó. Son iniciativas importantes, pero marcan un patrón: la política rionegrina discute el impacto de la tecnología cuando ya está instalada en las aulas, los celulares y las redes, no antes.

Mientras tanto, afuera del Estado, el ecosistema social se mueve mucho más rápido: emprendedores locales arman proyectos productivos apalancados en inteligencia artificial, medios digitales explican que “el 30% lo domina y el 70% lo ignora” y advierten que quien no entienda estas herramientas será el nuevo analfabeto de la década, y hasta surgen docentes virtuales como Zoe para experimentos educativos. El contraste deja expuesto un analfabetismo digital institucional: ministerios y oficinas que siguen atados al papel y a procesos manuales, mientras la sociedad ya está jugando en otra cancha.

Incluso en la justicia y la seguridad, donde la provincia se muestra más innovadora, la foto es parcial: se anuncia el uso de IA para agilizar juicios contencioso-administrativos o para multiplicar la capacidad de monitoreo de cámaras, pero los sistemas de control ciudadano y defensorías del pueblo no logran todavía un seguimiento ágil, abierto y transparente de los tiempos del Estado, que muchas veces siguen siendo excesivos justamente por su lógica analógica. El riesgo es que la IA quede como un “brillo tecnológico” en algunas islas del sistema, mientras la experiencia concreta del vecino en el hospital, la escuela o la comisaría siga siendo lenta, opaca y cargada de trámites.

La crítica, entonces, no pasa por demonizar la inteligencia artificial ni frenar proyectos, sino por marcar la falta de visión integral: en vez de pensar la IA como herramienta transversal para simplificar la vida de la gente, el Estado rionegrino la usa por momentos como vidriera, por momentos como parche, casi nunca como política de fondo que una salud, educación, justicia, seguridad y desarrollo productivo bajo una estrategia común. En un mundo donde la velocidad de cambio marca quién se queda adentro y quién se queda afuera, seguir varios pasos detrás de la ola tecnológica no es neutral: es abrir la puerta a una crisis de inclusión y derechos que, si no se corrige a tiempo, se va a notar mucho más que la falta de un chatbot o una app.


 

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