La licenciada Agustina Dirázar explicó en Radio Seis Bariloche cómo opera el proceso psíquico ante pérdidas y diagnósticos graves, cuestionó la exigencia de "ser fuerte" y advirtió sobre el acortamiento de los rituales colectivos.
Comprender el duelo: tiempo, vínculos y desmitificación
Ejes centrales del análisis de la Lic. Agustina Dirázar en Radio Seis Bariloche sobre el proceso de pérdida y la clínica psicooncológica.
El duelo no tiene una duración estándar en meses. Depende de los recursos subjetivos y de la carga de sufrimiento de cada persona.
Frases como "tenés que ser fuerte" o "sos un guerrero" suelen sumar presión y bloquean la expresión genuina de angustia.
El acortamiento de los velorios y la falta de pausas sociales empujan a vivir pérdidas significativas en soledad.
En pacientes con tratamientos médicos prolongados, quien acompaña debe repartir tareas y sostener sus propios espacios para no claudicar.
"A veces en el duelo es estar, ofrecer un mate, llevar una vianda de comida, salir a caminar. A veces no hay mucha palabra para consolar; el consuelo tiene que ver más con nuestra propia angustia de no saber qué hacer".
El dolor no se anula por decreto ni desaparece tapándolo con trabajo o redes sociales. Frente a una pérdida afectiva, una separación, una mudanza o el impacto de un diagnóstico de cáncer, el sufrimiento exige tiempo y registro. La licenciada en Psicología Agustina Dirázar, especialista en psicooncología, analizó cómo la sociedad actual empuja a resolver las pérdidas de forma exprés y los riesgos que implica no darle espacio a la tristeza.
Durante su paso por el programa Bitácora en Radio Seis Bariloche, la profesional remarcó que el duelo no responde a recetas ni a plazos matemáticos fijados en un calendario. Se trata de una transformación identitaria profunda donde no solo se despide a alguien o a algo, sino también a la versión de uno mismo que existía en ese vínculo o proyecto.
La trampa de la positividad y el mandato del "guerrero"
Uno de los puntos críticos que abordó Dirázar es la presión constante por mostrarse entero, una exigencia que se vuelve particularmente dañina frente a enfermedades crónicas o tratamientos oncológicos. Frases hechas como "no llores", "tenés que ser fuerte" o "sos un guerrero" suelen responder más a la incomodidad de quien acompaña que a las necesidades reales del paciente.
"A veces en el duelo es estar, ofrecer un mate, llevar una vianda de comida, salir a caminar. A veces no hay mucha palabra para consolar; el consuelo tiene que ver más con nuestra propia angustia de sentirnos ahí un poco sin saber qué hacer".
La especialista señaló que el diagnóstico oncológico marca una ruptura directa en la cotidianidad y en la autonomía de la persona. Ante ese escenario, imponer un optimismo ciego bloquea la posibilidad genuina de expresar miedo, enojo o angustia, sentimientos esperables frente a la incertidumbre.
Rituales cada vez más cortos y duelos en soledad
La psicóloga advirtió sobre una tendencia social marcada tras la pandemia: el acortamiento de los velorios y la pérdida de espacios comunitarios de despedida. En contraste con tradiciones donde el acompañamiento colectivo se extendía durante días con charlas y recuerdos compartidos, hoy predominan las despedidas breves y licencias laborales de apenas tres días.
Intentar saltarse la elaboración afectiva tiene un costo directo en la salud mental y física. Cuando la persona decide no frenar y tapar lo ocurrido, el dolor no procesado busca otras vías de escape en el mediano plazo.
"No lo podés esconder y en algún momento, con alguna otra cosa que te pase, seguramente te la des contra la pared. El duelo es lo que permite transformarnos".
Cuidar a quien cuida: la atención al entorno familiar
En el trabajo psicooncológico, la mirada clínica abarca tanto al paciente como a su red más cercana. La sobrecarga física y mental suele recaer en un cuidador principal, quien con frecuencia posterga su propia vida y termina al borde del agotamiento.
Dirázar enfatizó que quienes acompañan deben sostener rutinas básicas, mantener momentos de desconexión, apoyarse en amigos y no sentir culpa por continuar con sus actividades mientras dure el tratamiento médico.
El proceso de duelo no se mide por la cantidad de meses transcurridos, sino por cómo impacta en el funcionamiento cotidiano. Cuando el aislamiento se vuelve extremo, aparecen alteraciones persistentes en el sueño o la alimentación, o se instala un sentimiento constante de culpa, es cuando se vuelve necesario recurrir a la consulta profesional.
Fuente: Entrevista en Bitácora (Radio Seis Bariloche).