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Es tiempo de valientes *Ruben Torres

Es tiempo de valientes

Tras leer las declaraciones del vicegobernador de Río Negro, Pedro Pesatti, no me queda ninguna duda: éste es un tiempo de valientes. Porque cuando abundan los cobardes vendepatria, los que terminan marcando la diferencia, son quienes se animan a enfrentarlos.

Con la humanidad de un profesor en Letras, Pesatti nos interpeló a todos los argentinos. Nos recordó que la política bien entendida, para quienes creemos en el compromiso con el otro y en los valores cristianos, sigue siendo la herramienta más poderosa para transformar la sociedad.

Su mensaje trasciende el debate sobre la extranjerización de las tierras. En realidad, pone sobre la mesa una discusión mucho más profunda: ¿qué nos está pasando como sociedad? ¿Cómo llegamos a naturalizar la indiferencia? ¿Por qué permanecemos inmóviles mientras las decisiones favorecen cada vez más a los poderosos y dejan desprotegidos a quienes menos tienen?

Es un verdadero gusto leerlo y escucharlo (y debería serlo para cualquier argentino de bien comprometido con el destino de su país). Y me recuerdan algunas frases que parecen atravesar la historia como "El problema no es el gringo que nos compra, sino el criollo que nos vende."



También comprendí que el eje del debate ya no pasa únicamente por una ley o por la defensa jurídica de la tierra. El problema es mucho más profundo. Nos hemos acostumbrado a repetir que la sociedad está desmovilizada, que la gente no participa, que ya no lucha como antes. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué hicimos —o dejamos de hacer— para revertir ese letargo colectivo.

En ese contexto, la firmeza del vicegobernador cobra un valor especial. Es la voz de alguien que decidió hablar con determinación, aún sabiendo los costos institucionales y políticos que ello puede acarrearle. Mientras muchos dirigentes ocupan cargos públicos y apenas esbozan una tibia oposición frente a las políticas del gobierno nacional, alguien decidió asumir el riesgo de decir lo que piensa.

Y fue entonces cuando entendí que ya no alcanza con esperar. Tampoco basta con indignarse o levantar la voz desde la tribuna. Es tiempo de despertar. Porque es fácil marchar cuando otros ponen el cuerpo y uno simplemente se suma. Es fácil firmar comunicados cuidadosamente redactados desde la comodidad de una oposición sin riesgos. Lo difícil es dar el primer paso, asumir el costo y sostener las convicciones cuando hacerlo tiene consecuencias.

Los pueblos no cambian por la comodidad de los espectadores. Cambian cuando aparecen mujeres y hombres dispuestos a asumir responsabilidades, a levantar la voz y a comprometerse, aun cuando hacerlo implique pagar un precio.

Quizás, después de todo, este sea verdaderamente el tiempo de los valientes.
*Ruben Torres 

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