Agustín Quesada, geólogo y titular del Geo Museo de El Bolsón, descartó un incremento anormal en los movimientos telúricos a nivel mundial.
Tras los recientes sismos de magnitud superior a 6 en Colombia y Venezuela, surgieron dudas y teorías conspirativas en la región cordillerana. Sin embargo, Quesada explicó que los registros sísmicos de los últimos cien años muestran una clara estabilidad estadística. "Hay que desmentir categóricamente de que estén aumentando la frecuencia de los grandes terremotos", aseguró el especialista.
Quesada también abordó el impacto de la extracción de hidrocarburos mediante fracking, un tema sensible en la vecina cuenca neuquina. Reconoció que esta técnica industrial inyecta líquidos y arena, lo que efectivamente genera sismicidad inducida en las fallas locales. "El aumento de la sismicidad de baja intensidad estaría siendo demostrado que es uno de esos impactos", afirmó, aclarando que no se busca inducir un sismo mayor y que los movimientos detectados son leves.
El mayor riesgo para la zona andina, advirtió, no son los temblores profundos sino los fenómenos de superficie. Las intensas lluvias sobre zonas con acumulación de nieve o el desgaste natural de la roca viva en las cumbres generan flujos de detritos, deslaves de barro y piedra similares a los que sepultaron parte de Villa Santa Lucía en 2017.
Según el Instituto Nacional de Prevención Sísmica, la zona de El Bolsón se mantiene en una categoría de sismicidad moderada, registrando un promedio de 15 movimientos anuales que rara vez superan la intensidad histórica.