En plena época de crisis energética y recortes de presupuesto, un dato no pasa desapercibido: gran parte de las escuelas mantienen sus luces encendidas durante toda la noche e incluso los fines de semana, aun cuando no hay alumnos ni personal en los edificios.
3 claves rápidas
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Luces encendidas sin uso
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Impacto en gasto público
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Alternativas sustentables
La situación genera preguntas lógicas: ¿por qué se sigue iluminando edificios vacíos cuando ya existen sistemas de seguridad como cámaras, alarmas y vigilancia remota? En un contexto donde cada peso cuenta, este consumo eléctrico permanente se traduce en un gasto directo para la provincia.
Además del factor económico, está el impacto ambiental. En tiempos de cambio climático y llamados globales al ahorro energético, estas prácticas contrastan con la necesidad de reducir consumos innecesarios.
Las soluciones técnicas existen y son simples: desde la instalación de sensores de movimiento hasta sistemas programables que activen la iluminación solo una hora antes de que ingresen alumnos y docentes. Varias ciudades ya implementaron estas medidas en edificios públicos con resultados positivos.
A modo de referencia, si se toma un cálculo estimativo sobre unas 800 escuelas públicas en la provincia, el gasto de mantener luces encendidas de 23 a 6 horas puede representar entre 4 y 20 gigavatios/hora al año, lo que equivale a miles de millones de pesos en la tarifa actual de energía. Esa cifra podría ahorrarse destinándola a mejoras edilicias o equipamiento escolar.
La pregunta queda abierta: ¿tiene sentido que en pleno siglo XXI sigamos iluminando escuelas vacías mientras se reclama austeridad y conciencia ecológica?