Un temporal implacable desató una crecida violenta en las cuencas de la Comarca Andina y la Línea Sur rionegrina. En apenas una madrugada, un frente cargado de agua transformó arroyos calmos en torrentes desbordados, anegó caminos vecinales y provocó escenas de peligro extremo en parajes rurales, con pobladores que salvaron su vida de milagro al intentar cruzar cursos colapsados.
Ríos multiplicados y un auto devorado por la corriente
El punto más dramático de la jornada se vivió en la zona de Río Chico. Dos vecinos intentaron vadear el cauce sin utilizar el puente carretero y quedaron atrapados cuando la masa de agua aflojó la base del terreno. Aunque lograron salir de la cabina por sus propios medios antes de ser arrastrados, el automóvil quedó totalmente sumergido bajo el torrente en cuestión de minutos, dejando al descubierto apenas la chapa del capó.
A pocos kilómetros, en El Bolsón, el río Quemquemtreu rugió con una fuerza poco habitual. El titular del Departamento Provincial de Aguas en la región, Matías Thorman, detalló desde la orilla del curso que el caudal saltó de los 5 metros cúbicos por segundo registrados en verano a picos de entre 30 y 40 metros cúbicos por segundo.
Montañas saturadas y rescates en El Manso Inferior
El epicentro de las descargas pluviales se concentró en la alta cuenca. Mientras en el radio urbano de El Bolsón se acumularon unos 60 milímetros, en las cotas medias de las montañas y en parajes como Villegas el pluviómetro trepó a los 100 milímetros, concentrados en apenas tres horas matinales.
Este torrente derivó de forma directa hacia el río Foyel y el arroyo Pedregoso, golpeando con fuerza al valle de El Manso Inferior. Allí, una comitiva de Protección Civil debió sortear el socavamiento de las cabeceras de una pasarela peatonal para poder llegar a pie hasta una vivienda donde permanecían un anciano y varios niños. Frente al riesgo latente, la Comisión de Fomento dispuso un establecimiento escolar como centro de evacuación preventiva.
La violencia del agua también impactó en los sistemas de captación urbana. La enorme turbiedad que bajó por los cursos hídricos —agravada por el lavado de cenizas y sedimentos tras los incendios forestales de temporadas anteriores— obligó a sacar de servicio las plantas de filtrado en El Bolsón para proteger las piletas de decantación, manteniéndose la provisión de agua mediante reservas presurizadas.
En el curso del Ñireco, en San Carlos de Bariloche, el caudal saltó hasta los 20 metros cúbicos por segundo, mientras que el monitoreo se extendió a la cuenca del Limay. En todo 2025 el registro anual de precipitaciones en la comarca había cerrado en 550 milímetros; con este temporal, la región ya alcanzó los 700 milímetros acumulados antes de finalizar septiembre.